El faro que nos guía
La historia del faro como elemento de seguridad marítima ha estado siempre ligada a la navegación humana desde la Antiguedad, para señalar donde se encontraba la tierra.
En la entrada de los puertos construidos por los romanos solía haber altas torres que servían de faro a imitación del célebre de Alejandría , erigido por Ptolomeo y el cual, recordando las piras de apoteosis, estaba formado por pirámides truncadas puestas en disminución una sobre otras.
Es muy probable que los faros existieran antes de las épocas romanas y griegas, y que los fenicios y los cartagineses encendían hogueras en lo alto de las torres de vigía, que levantaban en puntos destacados de las costas.
Hay tres luces de faro que los navegantes miramos cuando entramos o salimos del mar.
Esto nos indica si debemos ir a babor o a estribor.
El faro blanco es el faro natural, que es el que seguimos siempre directos, al salir o al entrar.
Albert Haraldsson



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